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ABELITO EN BUENOS AIRES
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ABELITO EN BUENOS AIRES
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Yo creo que tenía cara de bobo cuando salí del cafecito ese, el de la esquina de Paraguay y Pueyrredón, mientras el señor que me atendió, sí, ese mismo, el mesero mayor con rostro de dulce maestro jubilado que a vos te enamora, me miraba como extrañado y sin entender por qué le había dicho "gracias Abelito" cuando me entregó el vuelto, y claro que yo tampoco entendí en ese momento, pero luego sí, vos sabés, a mí me pasa mucho eso de entender después, como si me llegaran las ideas un poquito tarde, en cámara lenta, lo que está muy bien cuando las ideas son agradables, pero no tanto cuando repugnan, pero te decía que entendí por qué le dije Abelito a ese señor que no se llama Abelito, aunque si por casualidad se llamara así entendería lo de su sorpresa cuando ese, o sea este muchacho colombiano que pasa varias veces a la semana a tomarse el café lo llamó por su nombre, pero no es el caso, porque no creo que se llamara Abelito como el Abelito de verdad -¿te conté alguna vez de Abelito?-: era el señor que tenía la tienda del barrio en Yarumal, donde iba a diario por la leche cuando estaba chico y lo hacía con rabia porque había que bajar con la caneca vacía, lo que significaba inexorablemente subir luego con la caneca llena, sí, la caneca porque en esa época se compraba la leche en caneca y no en bolsas; bajar -te decía- hasta El Plan, que era donde estaba la tienda, y aquí tenés que reparar en el singular de la palabra, porque recordarás que si mi pueblo tiene algo, son faldas, tanto que no hay varios "planes" sino uno, "El Plan", donde mi papá me enseñó a montar en bicicleta y donde estaba la tienda de Abelito, que no te la describo porque vos conocés alguna tienda de barrio en Colombia y entonces las conocés todas, tan iguales en su tropical diversidad, porque la de Abelito era igual a la que estaba a la salida del colegio en Medellín, o a la de Modelia en Bogotá a la vuelta de la casa de Andrés Correa, pero hoy no estaba ni en Bogotá ni en Medellín ni en Yarumal sino en el Café Guaraní y no entendí por un momento a qué venía eso de sacar del sombrero de la memoria el nombre de Abelito y ponérselo al señor que no se llamaba Abelito ¡pero que es tan hermoso! como vos decís, sí, con esa dignidad de los que envejecen al frente de su oficio y que a vos te encanta -¡aceptalo!- porque te mira con esa coquetería crepuscular que hasta yo disfruto, pero que, aceptémoslo también al menos en pro de la historia, no se puede llamar Abelito porque si no, para qué te estoy contando esto si no es para decirte que entendí poco después que el asunto no tenía que ver con ninguno de los dos personajes sino con los lugares, quiero decir, La Tienda de Barrio colombiana y El Café de Barrio de Buenos Aires que son, si vos pensás, similares en su encanto porque, no me digás que no, es una maravilla eso de poder comprar una minucia y quedarse reposando, leyendo, coquetendo -¡yo no, sería incapaz! ¡lo digo por generalizar!- o mirando que pasen los carros por un tiempo largo sin que te apuren como pasa en los restaurantes elegantes, porque eso de ver a la gente afuera haciendo cola y mirando tu mesa con voracidad es muy incómodo, pero en el Café Guaraní no pasa, ni en ningún otro café, ¿te das cuenta?, uno puede pedir un cafecito y quedarse una o dos horas sin que siquiera te recojan el jarrito vacío, igual que en las tiendas, sean de Abelito o de como se llame el tendero, donde uno puede comprarse una cerveza y sentarse en el andén a compartir sin apuros ese encantador aire de las tardes colombianas que, no me digás que no, son encantadoras, y se pasa el rato y uno se va cuando quiere, exactamente cuando uno quiere, como lo hice yo hace un rato, que terminé mi libro, pagué, esperé el vuelto y me despedí de nuestro mesero encantador con ese "gracias Abelito" que venía de mi prehistoria y que él no entendió, pero yo sí, aunque fuera un poquito después... ¿ves las cosas tan raras que le pasan a uno?
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Imágenes tomadas de: http://www.correvedile.com/literatura/columnasperiod/decoradores/tienda-esquina.jpg y http://www.photoseek.com/05ARG-10348.jpg
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Imágenes tomadas de: http://www.correvedile.com/literatura/columnasperiod/decoradores/tienda-esquina.jpg y http://www.photoseek.com/05ARG-10348.jpg


3 comentarios:
ey!!. Abelito, Abelito, Abelito, me hace recordar mucho a mi abuelito,él también fue dueño de una tienda hasta hace poco -aunque los últimos seis o siete años no tuvo nada para vender, no dejo de abrir nunca-, él nunca hubiese podido ser un Abelito, él siempre fue (y es) "Don Balles", en fin que bueno es pasar por acá y hacerle uun poco el fresco a la memoria, hacerle un poco el fresco al corazón.
Saludos desde por acá.
Hola todos!!! Pala tiene por ahí un libro de sonetos por ahí y se hace el guebón! jajajajaj... y viene uno de crónicas!!! estén pendientes !!!
Me parece más que extraño, mágico... te entiendo, esos momentos le dan magia a la vida de uno, casi que nos hacen sentir la proximidad con la correcto de la vida, con el lado derecho o algo así tan obvio que se nos pasa por alto!.
Un abrazo desde Chía Pala, con todo el frío increiblemente delicioso que está haciendo por estos días!
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