lunes, enero 26, 2009

FE

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Recuerdo, cuando estaba pequeño en mi pueblo, en las misas de la Parroquia de La Inmaculada, una señora que cantaba durísimo y que respondía a viva voz los salmos y las oraciones. ¿No se avergonzará de gritar tanto y de cantar tan desafinado?, era lo que mi cabeza de niño se preguntaba, pero mi padre resolvía mis dudas sentenciando: “¡Ojalá todos tuviéramos la mitad de la fe de esa señora!”.
Ese puede ser mi recuerdo más antiguo de ensalzamiento de la fe como una virtud. Luego de ese vinieron muchos discursos en la misma línea: las Capuchinas del kínder, los Jesuitas del San Ignacio, los profesores de la Pontificia Bolivariana, mis padres, mis abuelos, mis vecinos, los conductores de la televisión, los deportistas que admiraba: todos reforzando el valor de la fe como ideal. Y a mí me parecía de lo más normal: creer era una virtud, y como todos me decían que era así, así debía ser.
Pues no. No es así. Y me costó mucho tiempo, algunos libros y varias decepciones entenderlo, pero ahora, honestamente, me enorgullece haberlo hecho: la fe no sólo no es un valor, sino que constituye el más enquistado obstáculo para la evolución del ser humano.
La fe te invita a creer más allá de las evidencias –y en no pocos casos en contra de ellas- , pero aún no contenta con hacerlo, te convence de enorgullecerte por ello.
La fe desprecia la ciencia y lo hace porque le teme. La postura de las religiones frente a los descubrimientos científicos en los últimos mil años, es una cadena extensa y sorprendente de fracasos calamitosos. Pero ahí sigue. ¿Que resultó verdadero el heliocentrismo? ¡No importa! ¡Hoy podemos atacar la investigación en células madre! ¿Que la teoría darwiniana resistió el análisis de los años? ¡Todavía nos podemos acomodar con el Diseño Inteligente! ¿Que la datación geológica demostró que era falsa la “verdad bíblica” (¡!) sobre los 4.000 años de edad de la tierra? ¡Eso es trivial! ¡A dios gracias, todavía la inmensa mayoría “sabe” que es mejor creer que cuestionar!
“La ciencia será abolida” (1 Cor. 13,8) escribía con alegría Pablo de Tarso, y aunque su alucinada predicción no pudo estar más errada, su espíritu de felicidad ante la posibilidad de triturar el conocimiento esgrimiendo la inmunidad de la fe, se continúa transmitiendo hasta hoy entre sus correligionarios con un éxito vergonzoso.
La fe fabrica ficciones para eludir la única realidad que tenemos. “Puesto que los hombres han de morir, parte de ellos no podrá soportar esa idea e inventará todo tipo de subterfugios.”, escribe Michel Onfray, y remata: “Por apuntar al Paraíso, erramos la Tierra”.
Pero la lucha entre la fe y la inteligencia podría limitarse a los filósofos, a los teólogos, a las publicaciones y a los foros académicos, si no fuera porque la fe es hoy por hoy (y siempre ha sido así) la pólvora que incendia al mundo y la responsable directa de algunas de las mayores atrocidades que presenciamos.
Son ya miles los muertos en Palestina masacrados por un impune estado israelita que desenmascara la vergonzosa inutilidad de la ONU y que pareciera, en virtud del Holocausto, poseer licencia eterna de impunidad. ¿Las causas del enfrentamiento? Múltiples y confusas. Algunas se diluyen en el tiempo y se confunden con las que esgrime su enemigo, pero todas ellas, cada una de ellas, soportada por la certeza derivada de su Libro Sagrado que los hace acreedores a esas tierras polvorientas. ¿Alguien vio el título de propiedad? ¿Alguien se cuestiona seriamente sobre la autenticidad del libro? ¡No! ¡La fe es suficiente!
¡La fe! ¡Siempre la fe! La fe ciega detrás de los suicidas islámicos, la fe irreflexiva detrás de los colonos israelíes, la imperdonable fe detrás de los fundamentalistas cristianos de todos los tiempos.
Contrario al argumento de los creyentes tan bien presentado por Dostoievski en Los hermanos Karamazov y según el cual es imperativo creer en dios porque “si Dios no existe todo está permitido”, la historia muestra con creces todo lo contrario: es porque dios existe que todo está permitido.
La fe invita a la intolerancia, la fe promueve la segregación, la fe justificó en el pasado y sigue justificando hoy las mayores atrocidades que el ser humano puede concebir. En un reciente artículo el mejicano Jorge Volpi (en referencia a un libro de Christopher Hitchens) lo resume diciendo “(...) dios no sólo no es grande, sino que ha generado más perjuicios que beneficios y ha sido una fuente de opresión, una barrera para el desarrollo, y un eficaz sistema para reprimir la sexualidad y la libertad.”
Escribí una canción que dice “Qué bueno sería arriesgar el pulmón por perseguir aguaceros, ir por la vida sin plan ni jabón y con la fe del balsero”... si la fe del balsero es la de quien está convencido de estar haciendo lo necesario por avanzar hacia una vida mejor, apuesto por esa fe; pero si es la fe de quien espera que Ochún le salve de las olas, abjuro por siempre de ella, y de paso comienzo a pensar en una variación del texto para los shows en vivo.
No Papá. Estabas equivocado. No es deseable que todos tengamos la fe de la mujer en la iglesia.
Lo deseable sería que todos gritáramos como ella, así de fuerte, así de convencidos, pero de espaldas al atrio, mordiéndonos la mano ante la crueldad de la vida, pero liberados de ficciones que nos impidan enfrentarla con la claridad de nuestras mentes y el gozo de nuestros cuerpos.
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7 comentarios:

Juliana dijo...

Pala,
Acabo de "hablar" con vos y lamento no haber podido conversar de este tema. Estamos de acuerdo y me río porque casualmente comencé a escribir un artículo con el mismo tema. Por supuesto no tan bien argumentado, más bien desde la emoción, la sorpresa y la tristeza al recordar los años del colegio. Cuántas veces nos dijeron que la fe era un valor altísimamente deseable y tantas que se lo creyeron... en lugar de enseñarnos a pensar que es lo que se supone debían hacer, nos enseñaron a creer, a obedecer y a no discutir. La fe nos hace borregos que siguen al pastor, incapaces de ver el camino.

juanmosquera dijo...
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juanmosquera dijo...

dame un poco de tu fe de ateo, de esa que me lleva a creer en vos canción tras canción y a creer en tu voz. dame un poco de tu grito a pulpitazo limpio con palabras sucias.

dame un poco de tu fe de ateo radical que cruza continentes para encontrar un futuro, tal vez peor, pero futuro en fin... hecho de un presente más que desafía las preguntas de todos los crucigramas.

dame un poco de tu fe y cantemos juntos Oración, dame un poco de tu fe de ateo redentor para encontrarla en el espejo cuando le miro yo.

d1eg0 dijo...

ey!! hay que poner "la inteligencia al servicio del amor" escribió Saint-Exupery.

Julián Mayorga dijo...

Hay que dar algún crédito a la fe:

Sí mueve montañas, de hecho, las crea!(de carne en putrefacción)

Piedad Monsalve dijo...

Me quito el sombrero y te sigo en el ateísmo militante. ¿Por qué autocensurarnos y respetar las posiciones de los creyentes cuando somos víctimas permanentes de todo tipo de intentos evangelizadores? Es un gusto y un reto la responsabilidad compartida de sembrar preguntas sobre la utilidad y el sentido de la fe.

Liliana dijo...

Yo tuve la suerte de no recibir educación religiosa. Así que lo que yo entiendo como fe tiene que ver con creer en el prójimo, con ponerme en su piel cuando hace falta, en estar cuando te necesita, en decirle cuánto lo quiero sin que sea una fórmula de cortesía.
Yo sí tengo fe... pero mi fe no es religiosa. Tiene que ver con otra cosa, algo así como tu "fe de ateo", como dice hermosamente ese otro poeta, Juan Mosquera.