jueves, febrero 12, 2009

BLACK POWER


BLACK POWER


Martes 7:45

Llueve torrencialmente desde que salimos del puerto de Colonia en Uruguay y el buque que nos lleva hacia Buenos Aires se mece como mi hamaca sanjacintana.

Mientras las gotas de agua estallan por miles sobre la gran ventana inclinada de popa, yo vuelvo a pensar en los negros.

Hace días que pienso en ellos.

En los cientos de miles de negros que llegaron a este continente entre los siglos XVI y XVIII y que, justo ahora que comienzo a marearme, puedo imaginar arrumados en oscuras bodegas de barcos de madera, condenados al pánico y a la acumulación de sus excreciones, cruzando el océano temido hacia un exilio eterno que devendría en raíz.

Negros todos ellos. Bantús, caravales, yorubas, mandés. Hijos de etnias rivales y luego hermanados por el látigo y el desarraigo.


Hace días pienso en ellos con insistencia, decía, y la chispa de ese pensamiento la encendió mi nuevo amigo, el mejicano Alantl Molina (* Les recomiendo visitar http://www.facebook.com/pages/tepeyac-usto/23967499251 ) quien en una conversación reciente, relató con su encantador acento mejicano suavizado en su paso por Guatemala y Venezuela, una historia que me deslumbró: la del pueblo Garífuna de Belice. Una comunidad descendiente de un cargamento de esclavos nigerianos que naufragó cerca de la isla de San Vicente y que fueron recibidos por los aborígenes caribes con quienes no sólo entablaron amistad sino que se cruzaron. Un pueblo afroamericano que creció en las inhóspitas selvas centroamericanas y en virtud de eso, aunque alejado por siempre de su Africa originaria, libre de las atrocidades de la esclavitud. Un pueblo negro nostálgico pero no esclavo. ¡Y hay que escuchar su música! Toda una delicada y riquísima sonoridad afro desprovista del dolor de la cumbia, de los matices rebeldes de los cantos yorubas o de la imperiosa sonoridad desafiante de los tambores de San Basilio de Palenque. Una música enraizada en lo más tribal del África negra pero tranquila y cadenciosa.

(* Pasen, si pueden, por http://www.stonetreerecords.com/albums/paranda.php , o por http://www.youtube.com/watch?v=xNqwo1KbIqc , o por http://www.youtube.com/watch?v=VeMrcPToPmQ ).

Y yo seguía pensando en ellos.

Tenía la imperiosa necesidad de sumergirme en los alucinantes territorios negros.

En la navidad pasada y en medio de no pocas copas, decidimos mis primeros amigos músicos y yo, meternos de cabeza al proyecto de revivir nuestra querida orquesta de salsa Kahlúa. Esa que fue para prácticamente la totalidad de los que la integramos, nuestro primer contacto serio con la música. Y planeamos hacer un disco vía virtual. Yo, entusiasmado con el asunto, volví a zambullirme feliz en los ritmos que jamás habríamos tenido si no hubiésemos sido bautizados por la herencia negra: sones, bombas, caballos, merengues, cumbias. Y de nuevo se me cae la quijada.

Escuchar a Totó La momposina o al Benny Moré es entender que hay una diferencia. Que lo que sale de una garganta negra o mulata, tiene una carga ancestral indefinible. Que aún en medio de su tragedia, lo que nos heredaron los africanos en no pocos casos supera lo que recibimos de Europa.


Y luego llego a Montevideo.

Mi amiga Naty Silveira, argentina con ascendencia y corazón uruguayos, nos llevó de la mano a los carnavales de Montevideo.

Fueron máscaras, tablados, murgas, candombe, sol y una lista adicional de placeres para los sentidos que no vienen a este post. Fue sentir una vez más el huracán negro, esta vez en pleno Río de La Plata.

Las murgas con su estremecedor mensaje contestatario, su aplicadísima polifonía, su sentido del humor afilado y su baile cadencioso.

Los tambores en todas partes. La simpatía negra y mestiza en los barrios.

Una deliciosa orgía para los sentidos.

(* http://www.youtube.com/watch?v=l9Pc6uN8DZU&feature=PlayList&p=AF77BD6963AC2D09&index=10 )



Ahora vuelvo a Buenos Aires en medio de un bamboleo incesante y un mareo que apremia.

Pensando en ellos y pensando en mí.

En que soy mucho menos negro de lo que quisiera y en que esta melanofilia que me ha acompañado siempre no es más que una suerte de envidia mal disfrazada; un deseo reprimido que sale a flote cuando suenan unos tambores y con insípida torpeza intento que mis pies digan lo que me salta en la sangre.

Negros que saben cantar. Negros que saben bailar. Negros que saben, como nadie, reír.

Negros que aprendieron a vivir sobreviviendo.

Cuando llegue el barco, cuando se me pase el mareo, brindaré una vez más por mis amados amigos negros y escucharé a Bola de Nieve.


Imagen tomada de: http://www.blogmuchoviaje.com/mujeres_en_africa.jpg



7 comentarios:

Juliana dijo...

Qué relato tan conmovedor, se me erizó la piel! Estaré esperando ansiosa el resultado de ese disco, ojalá no tarde...

Un abrazo.

·M· dijo...

Pala!
Fue toda una grata sorpresa tu comentario! Muchas Gracias, fue importante.
Ahora bien tu entrada... me estremeció y me trasporto de una froma increible.
Tienes el don de la palabra Pala! es un gusto leerte.

*Paz*

Liliana dijo...

Nadie tiene el ritmo que tienen ellos, nadie tiene la voz profunda o metálica como ellos... Están hechos para la música. Y como dices, a pesar de esa historia de sufrimiento, no llevan arrastrando ese lamento, sino que le ponen color a su música y nos sacuden el cuerpo.
Bello homenaje. Yo también quisiera tener su color, su alegría de vivir, su ritmo, su fuerza.
Esperamos ese disco, Pala.

juanmosquera dijo...

ya que estás en lo de los links, mira y escucha:

http://www.youtube.com/watch?v=J6FTJ3Iyb2k

MEMORIA DEL CUERO
Jorge Drexler

En la bodega de un barco negrero
vino el candombe prisionero.
En la memoria del prisionero
duerme el candombe esperando el cuero.
Curando el miedo y el mareo,
curando el golpe del carcelero,
vienen tocando, vienen tocando, vienen tocando.

En la bodega de un barco negrero
las manos vienen golpeando el suelo.
Las manos golpeando las manos, golpeando el suelo,
igual que un tambor, madera y cuero.
Los dias pasan y sólo queda en la oscuridad
memoria del cuero.
Vienen cantando, vienen cantando, vienen cantando.
¿Dónde está el cielo, donde está el cielo?
¿Dónde está Dios, que no lo veo?

En la cubierta de un barco carguero
vino mi abuelo salvando el cuero.
Mi abuelo vino en un barco aliado,
cuatro puertos lo rebotaron..
Con toda el hambre, con todo el miedo
con lo que no se llevó el saqueo…
Vino escapando, vino escapando, vino escapando

¿Dónde está el cielo, donde está el cielo?
¿Dónde está Dios, que no lo veo?

Piedad Monsalve dijo...

Me encanta saber que todos los humanos somos genéticamente iguales.
Me gustaría que el poder de la herencia negra se notara más en mí.
Gracias por contagiar melanofilia.

d1eg0 dijo...

ey!!, PALA esta vez solo paso para hacerme sentir un poco, por si la amnesia-land

http://luable.blogspot.com/

saludos por donde andes...

Milenius dijo...

Hola, Pala, hay un premio esperándolo (humildemente...)
Besos! Pase a retirarlo por mi blog.

(soy Milena, la mamu de Cari).

Me gusta mucho tu blog, por eso...