jueves, enero 13, 2011

LA INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA IMBECILIDAD




LA INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA IMBECILIDAD

Al principio, y parece un recuerdo brumoso en un pasado remoto, lo que estaba prohibido transportar en los aviones eran las armas.

Luego, cuando llegó el terrorismo del narcotráfico, al afectuoso toqueteo policial se sumó una olfateada de perro: se buscaban, además de las armas, explosivos.

Pero luego llegó ese 11 de septiembre que supuestamente cambió la historia, (en especial si entendemos por historia la visión semianalfabeta del mundo que tiene el gringo promedio y por cambio su novedosa sensación de inseguridad) y desde entonces la paranoia imbécil no se ha detenido.

Esta semana, en el aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México se nos prohibió el ingreso de un molcajete a la cabina del avión en nuestro equipaje de mano. El molcajete es una especie de mortero tallado en piedra volcánica para triturar especias que traíamos para nuestra cocina con el fin de maquillar la condición de chefs inexpertos con el uso, al menos, de utensilios llamativos.

Sabía de la prohibición de transportar líquidos, aunque nunca la entendí. ¿A quién carajos se le ocurriría asaltar un avión esgrimiendo un Chanel N°5 o esparciendo laca de pelo en los ojos del capitán?

Sabía de la prohibición de los cortaúñas, aunque tampoco la entendí. ¿En serio alguien considera que la cabina de un Airbus tiene el mismo nivel de accesibilidad que un uñero?

Si. Lo sé. El trasto este que intentaba llevar a mano consiste, palabras más palabras menos, en un par de piedras bien pesadas con las que sin duda alguna y a diferencia del cortaúñas y el shampoo, podrías hacer trizas el cráneo de un piloto desprevenido. No se me pasó ese detalle. Y si así hubiera sido, ahí estaba el oficial mal encarado para recordarme con voz postiza que el impedimento radicaba “en el carácter contundente del objeto”. Como quien dice: si descalabra, no pasa.

Pero todo estaría muy bien si no fuera porque una vez que te quitan los objetos contundentes en el filtro de ingreso, puedes pasar a las tiendas del aeropuerto y comprar, como de hecho lo hicimos, todas las botellas de licor que quieras e ingresarlas a la cabina sin impedimento alguno.

¡Coño! ¿No han visto las películas? ¿No saben que el tequila te puede romper la cabeza no sólo metafórica sino realmente? ¿Desconocen que una botella de Gato Negro es tan peligrosa por su sabor como por su carácter de garrote?

¿Y son tan burros realmente? ¡Claro que no! Simplemente son víctimas de la imbecilidad institucionalizada. Esa que se ve en todos nuestros países y a la que terminamos acostumbrándonos porque se convierte en parte del paisaje.

Nosotros tuvimos que regresar al mostrador de la aerolínea y aforar nuestro molcajete.

El oficial nos vio reingresar, satisfecho, sin el instrumento asesino en nuestras manos.

La chica de la tienda nos vendió las botellas de mezcal que luego la aeromoza nos ayudó a acomodar en los compartimentos del avión.

El mundo siguió su marcha.

Y podría jurar que en algún lugar del mundo George Bush sonreía.

****

Imagen tomada de: http://www.google.com.co/imgres?imgurl=http://4.bp.blogspot.com/_MEfSla7KGiU/S65N1yZ81KI/AAAAAAAAAAw/SK7LozN0CD8/S692/molcajete.jpg&imgrefurl=http://molcajetedeideas.blogspot.com/&usg=__MAYuk8pvz3xxtzed2lnNUYQdvCA=&h=331&w=391&sz=17&hl=es&start=0&sig2=MIGSjlZkLWwzguzTPel9kQ&zoom=1&tbnid=WG55wUz8BF1oDM:&tbnh=153&tbnw=154&ei=7V4vTejZI8bpgAf4grFa&prev=/images%3Fq%3Dmolcajete%26um%3D1%26hl%3Des%26client%3Dfirefox-a%26rlz%3D1R1GGGL_es___CO357%26biw%3D1600%26bih%3D774%26tbs%3Disch:1&um=1&itbs=1&iact=hc&vpx=635&vpy=261&dur=292&hovh=177&hovw=209&tx=152&ty=93&oei=nF4vTe_3B4udgQfcl_T2CA&esq=11&page=1&ndsp=30&ved=1t:429,r:11,s:0




viernes, diciembre 17, 2010

LA MAJESTAD DEL TIEMPO


LA MAJESTAD DEL TIEMPO


La duración promedio de nuestras vidas nos impide tener plena conciencia de la mano escultora del tiempo.

El Gran Cañón del Río Colorado continúa siendo moldeado por la erosión y por el río mismo y llegará un momento en el que sus desconcertantes formaciones rocosas desaparecerán por completo ante el embate de los siglos. La falla de San Antonio se abrirá – como de hecho ya lo está haciendo- y lo que hoy conocemos como América Central y Norteamérica, serán dos trozos de tierra separados. Pero nada de eso podremos verlo: nuestro tiempo vital, tan minúsculo comparado con la escala geológica y tan extenso comparado, por ejemplo, con el de la mayoría de los insectos, nos condiciona para percibir el tiempo en la escala correspondiente a nuestro ciclo vital.

Sin embargo tenemos algunas herramientas para proyectarnos en él por fuera de las limitaciones de nuestra existencia. Algunas de ellas resplandecientes como la geología y la arqueología, y otra algo más cercana pero no por eso menos magnífica: la historia.

La percepción del tiempo, desde que se escribe la historia o al menos desde que se comenzó a transmitir como tradición oral, ha dejado de limitarse a nuestra existencia. Podemos imaginarnos en el Medioevo con un buen margen de confianza en nuestras imágenes y, lo que es mejor, podemos aventurarnos en el futuro con igual nivel de certeza si nos apuntalamos, antes de pronosticar, en las lecciones aprendidas del pasado.

Sé por ejemplo, por la combinación entre la historia y el flujo de los acontecimientos del presente, que mi generación verá la legalización del consumo de la marihuana. Es una batalla que ya se libró a principios del siglo XX contra el alcohol y la pelea actual por la despenalización no es más que un espejo de ese proceso. Los prohibicionistas podrán esforzarse cuanto deseen y será en vano: el tiempo los derrotará y no me queda duda alguna de ello.

Sé también que si no en mi generación sí en la próxima, las mujeres de Colombia alcanzarán la total despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo sin limitaciones moralistas o misóginas. Una despenalización completa, reivindicadora, liberadora, como la que se les concede a las mujeres francesas desde hace más de treinta años. Florence Thomas apuesta a que se logrará en el 2015 pero yo no soy tan optimista. Sin embargo coincido en que se logrará y en que será más pronto que tarde: el tiempo y la historia nos han demostrado que este es un país godo, misógino y mojigato, pero también que las mujeres han logrado a pulso levantar sus banderas y salir triunfantes con la ayuda de su preciosa obstinación y de la mano solidaria del tiempo.

Sé –porque se siente venir- que Álvaro Uribe Vélez ocupará el banquillo de los acusados. Yo soñaría con que fuera uno abollonado en un tribunal internacional, pero me declararé satisfecho si es una silla Rímax en los juzgados de Paloquemao. Llevará algo más de tiempo pero llegará. (No es tan viejo como para utilizar la estrategia Pinochet de huir escudado en la muerte).

Y colapsará el cristianismo. Eso no lo veremos. Quiero decir, no lo veremos felizmente concluido: en realidad lo vemos a diario. Y será reemplazado por otra religión. Una más en la desesperada vocación humana de creer, que no es otra cosa que la más triste manifestación de su pánico ancestral a reconocerse como una simple raza de mamíferos perecederos presa entre dos puntas del tiempo, su gran escultor.

Termina otro año y una vez más los mercaderes del oficio de predecir hacen su feria a costa de la vocación mecánica de la gente por anticipar su futuro en lugar de tomarse el trabajo de construirlo.

Termina otro año y el único que puede cantar victoria total es el tiempo, para quien no somos más que insignificantes soplos de brisa contra el concreto.


***


PD: Gracias a Leidy Morales, por impulsarme a no ver pasar el tiempo.


***


Imagen tomada de: http://www.google.com.co/imgres?imgurl=http://blogs.larioja.com/blogfiles/entrenosotros/228902_Tiempo11.jpg&imgrefurl=http://blogs.larioja.com/entrenosotros/2010/11/3/vivir-tiempo&usg=__GXbd7G0nnJXgClqMTaxZmO39V7w=&h=296&w=400&sz=30&hl=es&start=0&zoom=1&tbnid=QiD0XCswY8T_iM:&tbnh=138&tbnw=184&prev=/images%3Fq%3Del%2Btiempo%26hl%3Des%26client%3Dfirefox-a%26hs%3DBce%26sa%3DX%26rlz%3D1R1GGGL_es___CO357%26biw%3D1600%26bih%3D774%26tbs%3Disch:1%26prmd%3Divns&itbs=1&iact=hc&vpx=139&vpy=124&dur=794&hovh=192&hovw=260&tx=110&ty=122&ei=qpkLTYfKOoO8lQfoodDLDA&oei=n5kLTfG9JcL6lweUiq3NCw&esq=3&page=1&ndsp=33&ved=1t:429,r:0,s:0

martes, agosto 03, 2010

¿PROHIBIDO PROHIBIR?



¿PROHIBIDO PROHIBIR?


Cataluña acaba de prohibir el toreo. ¡Genial! dije cuando me enteré.

Pero luego leí a un par de mis columnistas preferidos, Héctor Abad y Zulma Sierra (ambos antitaurinos) cuestionando la automática postura a favor de la prohibición. ¡Qué sorpresa me llevé y qué inmensa curiosidad la que me generaron!

Resumiendo, Sierra cuestiona la prohibición presentándola como innecesaria: si la fiesta brava es un negocio y los antitaurinos crecen como espuma, desaparecerá en un lapso finito de tiempo. A ello suma un par de afortunados paralelos: uno con Gran Hermano (tampoco aporta a la cultura y no por eso hay que prohibirlo) y otro con la reciente prohibición del uso de la burka y el niqab en algunos municipios españoles (nos resultan extraños y en virtud de ello los prohibimos).

Abad, por su parte, devela la dosis de hipocresía que aparece cuando se es carnívoro y al mismo tiempo se celebra la prohibición. Y si. Lo leo y me estremezco: yo pertenezco a ambos bandos. Su columna resume en una línea la postura de los dos: “La tolerancia consiste en no prohibir lo que no nos gusta.”

Rumio los dos artículos, los releo, los repaso, y algo no me cierra todavía.

Si. Estoy totalmente de acuerdo con Abad cuando diagnostica el carácter despiadado de los seres humanos y la realidad que nos hace reconocer ese carácter como imposible de erradicar. Pero ni él ni la admirada Zulma, pasan por el factor que desde mi modesto modo de ver debería servirnos de termómetro para juzgar este tipo de aficiones humanas: la motivación.

La agresión física de un hombre a una mujer es punible. A menos que ella esté asaltando un supermercado con un arma de fuego y él le propine un puñetazo para desarmarla.

Mentir a conciencia es reprochable. A menos que esa mentira se le diga a un sicario que pregunta por su víctima.

Ambos ejemplos son extremos y sesgados. Lo admito. Pero sirven para ejemplificar mi punto: a la hora de juzgar acciones o elegir valores, la motivación es un elemento imposible de obviar.

Sí. Vindico el derecho de la especie humana a comportarse como el mamífero carnívoro que es y en virtud de ello a ejercer su ancestral y cruel costumbre de matar animales para tal fin. La motivación de la alimentación de nuestra especie me resulta convincente. Más allá de que los vegetarianos defiendan la posibilidad de una dieta sin proteína animal, es indiscutible que nuestra especie no hubiera alcanzado su potencial cerebral si no hubiese mudado hacia la dieta carnívora. Es ancestral, es instintivo y es defendible.

Pero la motivación del toreo es otra. Es la diversión. Es el “arte”.

Y si bien estoy dispuesto a aceptar que para fines alimenticios se infrinja un dolor a un mamífero superior con un sistema nervioso central complejo y con las mismas posibilidades de experimentar dolor que nuestra especie, no estoy dispuesto a consentir en que se le someta al mismo trato para diversión del ser humano.

Lo digo de otro modo y parafraseando a Abad: en el primer caso pongo por encima el valor de la libertad del ser humano para alimentarse que el valor de la no violencia contra los animales, pero en el segundo caso, pongo por encima el valor de la no violencia contra los animales que el valor de la libertad humana para divertirse.

La motivación es variable y las diferencias en la motivación justifican las diferencias en la postura.

No apruebo la prohibición de las corridas porque me desagraden, lo hago porque me parece que la motivación para defenderlas es insostenible. Hay montones de cosas que detesto y que estaría dispuesto a luchar para que no se prohíban: las misas, los reinados de belleza, el reggaetón. Sin embargo la prohibición de la violencia contra un animal en aras de la diversión, es algo que celebro con vivas.

Zulma Sierra y Héctor Abad son dos de mis columnistas favoritos y casi siempre coincido con ellos. Hoy no. Y eso me hace sentir muy bien: desmitificar a los ídolos es bueno para la autoestima.


*****

Imagen tomada de: http://www.google.com.co/imgres?imgurl=http://www.prou.cat/img/prohibicion_corridas_toros.gif&imgrefurl=http://ciudadanopublico.blogspot.com/2009_12_01_archive.html&usg=__UwKzyZ33zv68YwN-Y-x1baQK_do=&h=509&w=787&sz=17&hl=es&start=29&tbnid=RGRTeLsi76tClM:&tbnh=125&tbnw=193&prev=/images%3Fq%3Dprohibici%25C3%25B3n%2Btoreo%2Ben%2Bcatalu%25C3%25B1a%26um%3D1%26hl%3Des%26client%3Dfirefox-a%26sa%3DN%26rlz%3D1R1GGGL_es___CO357%26biw%3D1600%26bih%3D774%26tbs%3Disch:10%2C724&um=1&itbs=1&iact=rc&dur=262&ei=zmJYTMaJGpKUnQfq04HVCQ&page=2&ndsp=32&ved=1t:429,r:19,s:29&tx=99&ty=37&biw=1600&bih=774


martes, junio 22, 2010

¡AY, MEDELLÍN!


¡AY, MEDELLÍN!


¡Ay, Medellín! ¡Carajo si me cuesta

escribirte un soneto enamorado!

Medio yo dice sí, rima y apuesta,

y otro medio te cita a los estrados.


Me obligas a subir a tu tinglado

y luego me revendes la boleta.

Si es tan bello el telón y el entramado

¿por qué coños compraste una escopeta?


Serías más Monroe, más Simonetta,

más parecida al tango que persigo,

menos la Disneylandia de las dietas

y más digna de dignos enemigos,

si te desentendieras de las tetas

y te miraras menos el ombligo.



***

Foto de Juan Ferando Ospina, tomada de: http://lofredocolombia.files.wordpress.com/2009/07/medellin-colombiajuanfdoospina-2.jpg