miércoles, noviembre 18, 2009

TERCETOS PARA LA SALIDA DEL CINE




TERCETOS PARA LA SALIDA DEL CINE



Ayer huyendo del duelo

salí del Tita Merelo

y ni te digo,

con infartos y pubalgias

al hueco de la nostalgia

de tu ombligo.


Fantasmas en buena racha

me esperaban por Suipacha

y en parranda,

pero aquí en mi patria boba

rezo a San Pedro Almodóvar,

¡quién me manda!


Si hay escombros del Caribe

de mi cuerpo se despiden

por Barracas;

no doy por mi risa un mango:

mi cumbia no es más que un tango

con maracas.


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Imagen tomada de : http://www.complejotitamerello.com.ar/posters/100/logo%20tita%20argentino80.jpg y http://www.faqthemovie.com/faq_buenosaires.htm

lunes, noviembre 16, 2009

NO PIENSO CELEBRAR LA PRIMAVERA



NO PIENSO CELEBRAR LA PRIMAVERA


No pienso celebrar la primavera,

esa artera explosión de minifaldas

que te ablanda la espalda y la ceguera

en la acera de Mitre y Esmeralda.


Me resultan muy poco anfetamina

la mezquina propina del bolero

o el soltero aguacero de bocinas

cuando cruzan las minas por Agüero.


No pienso celebrar aunque me muerda

la lerda jauría del festejo.

Yo frunzo el entrecejo hacia la izquierda

porque me lo recuerdan los espejos:

aunque Baco, el añejo, suene cuerdas

todo me sabe a mierda si estás lejos.


***


martes, noviembre 10, 2009

A PROPÓSITO DE MUROS


A PROPÓSITO DE MUROS

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“Rechazamos que nos sea impuesta la moral de los Putos”. Gritaba con fervor el pasado sábado un chico de unos 22 años, cabello corto, cruz de madera al pecho y cara de buen hijo, mientras pasaba la Marcha del Orgullo Gay, justo en frente del Congreso argentino en donde se debate el proyecto de ley que avala el matrimonio entre personas del mismo sexo.

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Nadie le ha explicado al exaltado que la ley que rechaza no lo obliga a casarse con su mejor amigo o a comprometerse con su profesor; nadie le ha dicho que al amparo de esa ley, podrá –si así lo soñó- casarse bajo el rito Mormón o en una parroquia de pueblo, o con la bendición de un pastor evangélico: en resumen, que podrá hacer lo que le haga más feliz: justamente lo mismo que pide, y que conseguiría con esa misma ley, la travesti que ante el androgénico grito responde sonriéndole, lanzándole un beso y enseñándole su antológico par de tetas.

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Hay una visión cristiana del matrimonio: sólo es válida la unión heterosexual, monógama y cuya pulsión sexual se dirija a la procreación. Y existe también una postura cristiana frente a las LEYES relacionadas con el matrimonio: la legislación debe garantizar que TODOS los ciudadanos se adhieran a esa visión cristiana y se debe proscribir cualquier unión por fuera de ese modelo.

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Hay, del otro lado, una visión laica y atea del matrimonio: basta que dos adultos conscientes accedan libremente a compartir su vida para que se configure su derecho a unirse sin importar su condición sexual, política, racial o religiosa. Pero, lo que es mucho más revelador, hay también una postura laica y atea sobre la legislación: la ley debe garantizar a cada uno su derecho a elegir. Debe amparar el derecho de los homosexuales a unirse legalmente, pero TAMBIÉN debe amparar el derecho de los católicos, de los musulmanes o de los judíos a formalizar sus lazos según sus ritos.

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Jugando a la repetición: la ley por los derechos civiles de los homosexuales, la ley por el derecho a la despenalización del aborto en casos ya establecidos, la ley en favor del derecho a morir con dignidad o la ley en pro de la despenalización del consumo de estupefacientes, no obligan a nadie a casarse con una pareja de su mismo sexo, a abortar si no lo considera éticamente defendible, a solicitar la eutanasia en caso de considerarla pecaminosa o a fumarse un porro si le resulta inmoral.

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Muy por el contrario, las iniciativas religiosas en estos campos, sugieren que la totalidad de la sociedad se pliegue a la postura clerical y acepte el carácter de “poseedores de la verdad” que tan arrogantemente se adjudican los pastores de las creencias dominantes. En resumen, que TODOS vivamos no según lo que consideramos éticamente defendible sino de acuerdo a lo que la religión mande.

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A propósito de las celebraciones por la caída del Muro de Berlín, recuerdo un luminoso libro del italiano Paolo Flores d’Arcais en el que analiza el papel de Karol Wojtyla en los sucesos del 89.

Lo cito:

“El totalitarismo es un perfecto sistema de alienación. Y no por casualidad. Lo es porque, en esencia, constituye la drástica supresión de la autonomía del individuo, la negación definitiva del proyecto ilustrador de unas voluntades humanas que han salido del encantamiento y que se ofrecen libremente a su propia ley”

“Es (el totalitarismo) la cloroformización de las identidades individuales.”

“El arcano estructural del totalitarismo consiste en que los individuos abdican frente a la verdad única que pretende poner término al reino de la subjetividad.”

“Antinomia de una paradoja que vale como sismógrafo del sentido secreto que caracteriza al antitotalitarismo católico: (...) quiere demostrar que a la fe totalitaria de los comunismos sólo se puede oponer la totalidad de la verdad de la fe católica.”

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Mientras veía en un canal de la tele el informe de la Marcha Gay y en el otro las celebraciones en Berlín, pensé en lo mucho y en lo poco que ha cambiado el mundo desde el 89.

Y pensé sobre todo en los muros que nos falta por derribar, en lo sólidos que son y en lo estúpidos que solemos ser mientras vemos que los construyen en nuestras narices.

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Imagen tomada de: http://www.elblogsinnombre.com/images/muro02.jpg

martes, septiembre 29, 2009

ELEMENTAL SENTIDO COMÚN


ELEMETAL SENTIDO COMÚN

¿Alguien puede sentir respeto por un legislador que incumple las leyes que promulga?

Pues yo no. Se me hace de elemental sentido común que quien te impone una norma debe ser el primero en cumplirla.

Imaginemos un juez ladrón o un policía de tránsito que maneja ebrio. ¿Los consideraríamos dignos de respeto? Sin lugar a dudas la respuesta es un no rotundo.

Cuando la fuente de la cual emana la autoridad pretende evadir el cumplimiento de los preceptos que impone, se establece una incongruencia moral que conduce -entre muchos otros efectos- a la pérdida total del respeto por esa fuente.

Se me hace, repito, un asunto de elemental sentido común.

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Y no estoy pensando en los congresistas de ningún país en particular. Estoy pensando en dios, en el dios que se me impuso de niño: el dios de los cristianos.

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Desde el colegio, desde la iglesia, desde las palabras de sus portavoces se me dijo siempre que tenía la obligación cristiana de socorrer a quien sufría y de aliviar el dolor del afligido si estaba en mis manos hacerlo. Como es obvio, no tengo nada en contra de este precepto salvo que no es imprescindible declararse religioso para cumplirlo: la bondad, afortunadamente, no es teodependiente.

Lo que sí proviene de la religión es la amenaza que sigue al precepto: si está a tu alcance socorrer al desvalido y no lo haces, estarás pecando gravemente.

Y de nuevo tampoco estaría en desacuerdo con cierta dureza en la invitación a cumplir la norma si no fuera porque, en este caso concreto, quien la promulga evita cumplirla y quiere que nos hagamos los de la vista gorda ante su comportamiento inmoral.

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Mark Twain, en el ensayo Fables of Man de su libro Ideas sobre Dios escribe:

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“ (...) Nunca ha habido un caso de sufrimiento o pena que no pudiera aliviar Dios. ¿Entonces Él peca? Si Él es la fuente de la Moral, la respuesta es que sí. Reconoceréis que está clarísimo. Es evidente que la Fuente de la Ley no puede infringir la ley y regodearse en ello sin que se lo reprochen. Y sin embargo, vemos este curioso espectáculo: cada día, el loro amaestrado del púlpito declama solemnemente estas ironías, adquiridas de segunda mano y adoptadas sin examen, a una congregación amaestrada que las acepta sin examen, y ni el orador ni los oyentes se ríen de sí mismos.”

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Los tres dioses de los tres grandes monoteísmos vigentes notifican la imperiosa obligación de que sus fieles socorran a los desvalidos si pueden hacerlo, so pena de ser considerados pecadores, pero ellos a su vez tan omnipotentes y tan bondadosos como se declaran, han visto por generaciones - y siguen viendo hoy- el sufrimiento del género humano sin utilizar sus súper poderes para remediarlo. Y eso me resulta no sólo repugnante sino merecedor del más profundo desprecio.

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No logro concebir un ser menos digno de respeto que aquel que exige a sus imperfectos súbditos lo que él, en su absoluta perfección, se niega a cumplir.

Y eso, lo digo de nuevo, se me hace un asunto de elemental sentido común.

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Imagen tomada de : http://2.bp.blogspot.com/_nz2fdLaE4oQ/Sj0PLrc0j-I/AAAAAAAAACo/n9_cuXul7zA/s320/pensando.jpg

sábado, septiembre 12, 2009

SIN DORAR LA PÍLDORA


SIN DORAR LA PÍLDORA
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Aunque suene extraño tratándose de los nacionales de un país en guerra casi perpetua, los colombianos detestamos controvertir.

Podemos agredir a quien piensa diferente -y lo hacemos en éxtasis de placer y casi a diario- o somos diplomáticos y cerramos el pico. Pero controvertir, lo que se dice controvertir, muy pocas veces.

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Eso de plantarse frente al distinto y decirle “creo que estás absolutamente equivocado”, jamás se nos enseñó en la escuela: se nos educó para estar pendientes de la forma y para no responder a los mayores. Y como en los muchos otros casos de adiestramiento en valores aberrantes, se nos catequizó para ver en esa autocensura una virtud y en el correcto uso del vocabulario evasivo un patrimonio nacional. Al mismo tiempo se nos inculcó un rechazo visceral ante quien tenía la osadía de enfrentarnos con argumentos y se nos convirtió en campeones a la hora de asumir como agresión personal las expresiones de desacuerdo del antagonista.

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Digo todo esto porque yo mismo me he visto durante los últimos años midiendo las palabras a la hora de expresar mis pensamientos políticos en ciertos ambientes: entre mis amigos uribistas, en las reuniones familiares tan cálidas y tan uribistas ellas, entre los estudiantes colombianos de la Universidad de Palermo tan gomelos y tan uribistas; en general cuando me encuentro en el reino de Unanimilandia.
Pero habrá que corregir ese error. El momento por el que pasa Colombia no da para eufemismos. Dorar la píldora es hacerse cómplice. Moderar el lenguaje es en el mejor de los casos ingenuo y en el peor cobarde. Estos tienen que ser tiempos de al pan, pan.

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Hay que dejar de decir “El Presidente está cometiendo ciertos excesos que me preocupan” para decir “No tenemos un presidente sino un dictador en ciernes.”
Más útil y honesto que un “Póngase a ver que Uribe ha hecho sus cositas mal hechas” es un “Este sinvergüenza destrozó la constitución y legitimó la trampa”.
Mejor que un “Hay ciertos ejemplos del pasado que resultan reveladores” es un “¡Lean historia carajo!”.

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Mi pronóstico sobre Colombia es ominoso: no creo que podamos evitar el abismo porque no lo queremos ver y porque quienes lo ven suelen preferir ser diplomáticos que zarandear a los que se tambalean frente al acantilado. Lo mío, desde ese punto de vista, tiene mucho de lavarse las manos: espero que nunca me reprochen haber callado o haber sido equívocamente impreciso.

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Muchas de las personas que amo defienden a Uribe y aún así son buenas personas.
Pero están legando a sus hijos una sociedad que justifica el engaño, están defendiendo a quien decapitó la ética, están exculpando a un tramposo, están adulando a un mentiroso, están sosteniendo a un ególatra. Están proponiendo que el vergonzoso circo en que se ha convertido el gobierno colombiano, se prolonge cuatro años más.
Pues yo no pienso callar ni ser discreto. No voy a escatimar en adjetivos. No pienso suavizar mi postura con sinónimos diplomáticos.
Durante el tiempo que sea necesario, esas personas que amo me escucharán pronunciar sin sonrojarme palabras como delincuente, dictador, desvergonzado o perverso. Y así será porque quiero a Colombia. Pero mucho más, porque los quiero a ellos
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Imagen tomada de: http://www.musicasa.es/productos/megafono.gif

lunes, julio 20, 2009

PREGUNTAS SUELTAS


PREGUNTAS SUELTAS



¿Qué es más serio: seis meses de epidemia de Gripe A o doscientos años de amnesia?


¿Usted que sacó orgulloso el tricolor nacional el 20 de julio, cree (¿¡en serio!?) que Colombia es un país independiente?


¿Es una noticia relevante la caída de un anciano en su bañera? (¡Así el anciano se apellide Ratzinger!).


¿De verdad alguien puede imaginarse a Andrés Felipe Arias o a Juan Manuel Santos como Presidentes de Colombia sin -respectiva pero no excluyentemente- cagarse de la risa o vomitar? (Otras opciones: llorar sin consuelo, exigir sedantes, entrar en shock y/o colgarse de un nogal.)


¿Cuántas reformas son necesarias para convertir una Constitución en un trapo viejo?


¿Alguien sabe dónde quedó el irrestricto apoyo del gobierno de los Estados Unidos a Manuel Zelaya? ¿Y alguien me puede decir qué hacer con esta sensación de idiota que tengo por haber creído que las cosas estaban cambiando en el gobierno americano?


¿Alguien me puede explicar la lógica por la cual se cierran los teatros en Buenos Aires cuando la epidemia de gripe había cobrado 40 muertos y se reabren cuando lleva 120?


¿Bramar al cielo desgarrándose las vestiduras por un hipopótamo muerto y no hacerlo por las 131 especies en vía de extinción en Colombia, no es un descomunal acto de zoohipocresía ?


¿Todavía hay alguien dispuesto a repetir sin sonrojarse que el atentado a las torres gemelas cambió el mundo?


¿Algún buen samaritano podría asesorar a los trasnochados movimientos estudiantiles de Colombia y sugerirles -delicadamente y como quien no quiere la cosa- que consideren seriamente y por su bien, la posibilidad de abandonar en sus discursos algunos términos como "pequeño burgués", "movimiento de masas" y "compañero"?


¿Más o menos cuánto tiempo falta para que triunfe la seguridad democrática?


¿Alguien me puede avisar si el tropipop sigue vivo?



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Imagen tomada de: http://www.catedu.es/arablogs/repositorio/546/preguntas.jpg

lunes, julio 06, 2009

¿A ALGUIEN LE QUEDA ALGUNA DUDA?


¿A ALGUIEN LE QUEDA ALGUNA DUDA?
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El Presidente hondureño Manuel Zelaya no gozaba de altos índices de popularidad y todo parece indicar que su interés de modificar la constitución para garantizar su reelección (¡espejito, espejito!), se desarrollaba al borde la legalidad.

Sin embargo su salida del poder constituyó un flagrante y vergonzoso golpe de estado.

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¿A alguien le queda alguna duda?

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Juzgar e incluso destituir al Presidente, eran opciones posibles dentro del marco de las leyes hondureñas. Sin embargo los golpistas ayudados por el ejército, obviaron ese camino y lo sacaron de su casa para enviarlo a Costa Rica. Eso no tiene otro nombre que golpe de estado.

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Vuelvo a preguntar: ¿a alguien le queda alguna duda?

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La Iglesia Católica siempre simpatizó con los regímenes militares y las dictaduras: los golpes de estado fueron para sus jerarcas, en la inmensa mayoría de los casos, algo digno de celebrarse y se constituyeron por décadas en el bendito as bajo la manga enviado por la Trinidad ante la tenebrosa amenaza de la palabra cambio.

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¿A alguien le queda alguna duda?

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Si. Puedo imaginar tristemente que aquí habrá dudas. Veo levantar la mano a algunos que no suelen frecuentar los libros de historia y a otros que presuponen la bondad de La Iglesia simplemente porque los sacerdotes dicen que es buena.

Pero aunque no estoy para sermonear a nadie, tampoco estoy para ceder la palabra hasta que termine este post. Abajo del mismo hay un cuadrito donde se puede desahogar quien se sienta agraviado. Ojalá, eso sí, lo haga con argumentos. Y permítanme en esa línea, sugerirles cualquier libro de historia latinoamericana o al menos una búsqueda en Google de combinaciones como La Iglesia y el General Primo de Rivera, o La Iglesia y Rafael Leonidas Trujillo, o La Iglesia y Franco, o simplemente La Iglesia y las dictaduras.

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¡O tal vez no tengan que hacer ninguna de las dos cosas!

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Aquí les traigo la última actualización mejorada y corregida sobre la posición eclesial frente a estos asuntos: el comunicado emitido por la Conferencia Episcopal Hondureña legitimando el golpe de estado. Todo un espléndido ejemplo de mezquindad reaccionaria, de alineamiento con el poder, de desprecio por las instituciones populares, de trasnochado pánico anticomunista. (¡En el deporte de ser dinosaurio, La Iglesia -lo juro- no deja de sorprenderme!)

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He aquí algunos apartes comentados. (¡Si no los comentaba corría el riesgo de atragantarme!)

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• (...) Ante la situación de los últimos días, nos remitimos a la información que hemos buscado en las instancias competentes del Estado (la Corte Suprema de Justicia, el Congreso Nacional, el Ministerio Público, el Poder Ejecutivo, Tribunal Supremo Electoral) y muchas organizaciones de sociedad civil. Todos y cada uno de los documentos que han llegado a nuestras manos, demuestran que las instituciones del Estado democrático hondureño, están en vigencia y que sus ejecutorias en materia jurídico-legal han sido apegadas a derecho.

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¡Ah! ¡No güevones! ¡Qué credibilidad tan aplastante la de sus fuentes! ¡Cuando quieran saber si las hamburguesas son comida chatarra le van a preguntar a Ronald McDonald!

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(...) Conforme a lo contemplado en el Artículo 239 de la Constitución de la República, “quien proponga la reforma” de este Artículo, “cesa de inmediato en el desempeño de su cargo y queda inhabilitado por diez años para el ejercicio de toda función pública”. Por lo tanto, la persona requerida, cuando fue capturado, ya no se desempeñaba como Presidente de la República.

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¿Y desde cuando las destituciones legales se anuncian en la madrugada, sacando al acusado en ropa de dormir, mandándolo al exterior y negándole el derecho de defensa? ¿No existe en Honduras algo llamado tribunales, jueces, cárceles?

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•(...) Hoy más que nunca los comunicadores sociales deben expresar su amor a Honduras buscando la pacificación y serenidad de nuestro pueblo, dejando a un lado los ataques personales y buscando el bien común.

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¡Hay que ser muy cínico!

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•(...) A la Organización de Estados Americanos pedimos que preste atención a todo lo que venía ocurriendo fuera de la legalidad en Honduras, y no solamente a lo sucedido a partir del 28 de junio recién pasado.

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¿Esto lo redactó el Cardenal o el Canciller del nuevo gobierno?

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•(...) Exhortamos al pueblo fiel a intensificar la oración y el ayuno solidario para que reine la justicia y la paz.

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No se preocupen por el ayuno Sus Excelencias. El pobre pueblo hondureño lo ha practicado por siglos y sin reposo con la ayuda permanente de quienes ustedes hoy defienden y con la connivencia de la Iglesia Católica en general.

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Estoy cansado de escuchar un argumento tan liviano como repetido: el de quienes defienden a La Iglesia pidiendo que se mire a los sacerdotes buenos que dan su vida por los pobres y a partir de ellos se juzgue a la institución. Pues no acepto esa falacia por argumento .

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Sé de esos sacerdotes. Conozco varios. Pero ellos son buenos hombres por sí mismos y no por la iglesia a la que pertenecen. Luego de recordarles que con ese argumento se podría defender, por ejemplo, a la criminal guerrilla colombiana, llena de hombres que llegaron a ella con el verdadero deseo de ayudar a los más pobres pero cuya presencia no hace a la guerrilla menos culpable, termino por regresar a las palabras del premio Nobel de física Steven Weinberg: “La religión es un insulto a la dignidad humana. Con o sin ella, hay gente buena haciendo el bien y gente mala haciendo el mal. Pero para que la gente buena haga el mal, se necesita la religión”.

Aquellos movimientos al interior del catolicismo que propendían por el alineamiento real con los pobres (¿les dice algo las palabras Teología de la Liberación?) fueron exterminados con absoluto éxito por ese reaccionario (pero inigualable) gurú de la comunicaciones llamado Juan Pablo II.

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Debo agradecer, eso sí, al Episcopado Hondureño porque al menos por un tiempo no tendré que volver a escuchar ese argumento: el comunicado apoyando el golpe de estado no es de un sacerdote, no es de un individuo. Está firmado por los once obispos de Honduras y representa el vergonzoso punto de vista de la jerarquía católica.

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¿A alguien le queda alguna duda?

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Imgen tomada de: http://www.jornada.unam.mx/2007/07/11/cartones/fisgon.jpg
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sábado, mayo 23, 2009

RUTA 7


RUTA 7

A 120 km/hora en plena Ruta 7 y bajo el más hermosos cielo que recuerde desde aquel que a los 17 años me regaló el Cabo de la Vela, Nacho conduce feliz su camioneta mientras Juan Manuel ceba el mate y AC DC truena en los parlantes.


Recorremos los 700 kilómetros que separan a Villa Mercedes en San Luis y a su despampanante estudio de grabación recién estrenado, con Buenos Aires y su bullicio: ese que nuestros oídos saturados de insonorización ya comienzan a extrañar.


La última parada fue en una gasolinera perdida en medio de la nada 200 kilómetros, un termo de mate y seis alfajores gigantes atrás.

Ahora volamos y el cuadro consiste en un túnel negro que las luces van desvirgando y tres tipos hipnotizados que llevan el beat del bombo con la parte menos cansada de su cuerpo.


En un momento Nacho baja el volumen y se hace un silencio de motor ronroneante.

-¿Sabés Pala? - Me dice.

-Recuerdo un día de mi adolescencia, cuando en plena madrugada salía solo de un pueblito de Córdoba manejando a toda velocidad y escuchando precisamente este disco. En ese entonces comenzaba a intuir que la felicidad aparecía por escasos soplos de tiempo, y recuerdo haber pensado que si la dicha existía tenía que ser algo exactamente igual a eso: a conducir veloz por una ruta interminable, escuchando reventar en tus oídos una canción inmortal.

Sonríe y sube de nuevo el volumen.


Por un rato pienso en lo que Nacho contó y recuerdo algo con lo que nunca he estado de acuerdo: la afirmación de que las canciones le pueden cambiar la vida a la gente.

Sé que muchos de mis buenos amigos no piensan igual, pero qué le voy a hacer.

Algunas canciones me han regalado momentos memorables, otras me han sacado lágrimas y algunas pocas me han dicho lo que necesitaba en el momento justo.

Sin embargo siempre desestimé el lugar en el que algunas personas situaban a los compositores: el parnaso del iluminado capaz de hacerte encontrar la dicha. El del elegido para tocar el alma de los demás. El del predilecto. El del ungido.

Siempre pensé que un buen compositor es digno de ser elogiado, pero no más que un buen médico o un buen historiador. Que la idolatría va en detrimento del oficio: a un mesías no se le cuestiona. Que no hay que glorificar el quehacer del compositor sino todo lo contrario: aterrizarlo para poder exigirle.

Una buena canción es un obsequio para los sentidos y la sensibilidad, pero nadie que la escuche será finalmente más o menos feliz por haberlo hecho. Pienso que todos seguimos igual cuando el walkman dice stop. (Perdón pero la imagen pide walkman y ni IPod). Eso es lo que he pensado siempre.


Pero tal vez mi teoría tenga una grieta.

En el horizonte se intuyen las luces de Buenos Aires.

Pienso en mis canciones. Ellas, o al menos algunas de ellas, me trajeron al Sur.

Por ellas estoy ahora viajando veloz con Nacho y Juan Manuel al son de la banda de los hermanos Young, llenando el piso de la camioneta de harinas de alfajor, incapaz de mirar otra cosa que no sea el cielo repleto de estrellas, totalmente feliz.


No me equivoqué. Sigo pensando que las canciones no cambian la vida de nadie. Que tiene mil veces más poder un beso o una caricia.

Lo que ignoraba era que mis canciones sí tenían un poder: el de cambiar mi propia vida.


Let me put my love into you, Colombita.


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Imagen tomada de: http://coyotemercury.com/images/post-illustrations/night_driving.jpg

viernes, mayo 01, 2009

CURA PARA LA INFLUENZA (y algo más...)


CURA PARA LA INFLUENZA
(y algo más...)

Yo tenía seis años y la modestia no era mi fuerte.

Acababa de decidir lo que pediría si me tropezaba con un genio encantado de esos que te arrinconan anunciándote el cumplimiento de un solo deseo -uno y sólo uno- y la respuesta era tan brillante que no podía evitar sentirme una suerte de Einstein de tierra fría.

Yo veía a los personajes de mis libros infantiles debatiéndose entre pedir dinero, amor o súper poderes para luego, y en virtud del poco sentido del humor que tiene la vida hasta en los cuentos, terminar en su mayoría regresando al punto de su miseria inicial. Pero yo no. Yo era el más genio de todos y ya tenía resuelto el asunto: el día que el inquilino de cualquier lámpara ofreciera cumplirme un único deseo, mi respuesta sería: “quiero tener el poder de cumplir todos mis deseos”.

¡Ja! ¡No contaban con mi astucia genios chichipatos! ¡Ahí tienen pa´que sigan de amarretes!

Claro. Lo que pasó después sugiere que la noticia de mi genialidad se filtró y los malditos cumplidores de deseos se confabularon para no cruzarse jamás en mi camino. Luego, en virtud del desuso y del smog de los años, dejé de creer en ellos y en mi brillantez.

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Sin embargo una buena idea siempre puede reciclarse y estoy por convencerme de la conveniencia de retomar mi fracasado proyecto para exprimir a los genios y de paso remozar el ego maltrecho.

Lo vi como una revelación cuando, en un mismo día esta semana, recibí una noticia y una cadena de mails.

La noticia, que se puede leer completa en http://mx.reuters.com/article/topNews/idMXN2753326220090427 y cuyo titular es “Iglesia saca Cristo de la Salud a calles de México por influenza”, da cuenta de eso mismo: la precesión pública -después de más de 150 años- a que fue sometida la imagen del Cristo de la Salud (¡existe un Cristo de la Salud!) con el fin de pedir la remisión del brote de influenza.

La cadena de mails no requiere mayor explicación y contenía la “Oración a la Virgen de Guadalupe para Nuestras Naciones por la epidemia de la Influenza Porcina”, debidamente firmada por el Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México.

¡Caldito perfecto para mi maravillosa idea!

Pero antes un par de preguntas sueltas.

¿Por qué había que sacar a la calle al Cristo de la Salud? ¿No bastaba con ir a rezarle a su templo o hacerlo desde la casa? ¿Acaso, aburrido y anquilosado por siglo y medio de quietud pactó con el clero mexicano el justo negocio de paseo por milagro? ¿Necesita La Lupe una oración específica para la influenza porcina? ¿Los tradicionales petitorios sobre salud en general no garantizan la especificidad microbiológica que exige el momento?

¡Pero, bueno! ¡Me estoy dispersando y quiero ir a la idea!

¡Atentos epidemiólogos y público en general! ¡Apunten que voy a escupir brillantez!

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Lo que propongo es ser positivamente ambiciosos y soñadores, es olvidarnos por un momento de esta epidemia que, como cualquier otra con mayor o menor dosis de dolor, se auto limitará; es pensar un poco más allá, pensar en grande, pensar en el verdadero futuro de la humanidad, en el devenir de nuestros hijos, en la felicidad de las nuevas generaciones.

Lo que propongo es aprovechar adecuadamente el paseo del centenario Cristo de la Salud y su incontenible combinación con las oraciones a La Virgen, para pedir ya no la curación de la epidemia de influenza -circunstancial al fin y al cabo- sino algo más general, más global, ¡más más!

Pedir algo como –es simplemente una propuesta- la desaparición de todas las enfermedades infectocontagiosas o la desaparición del cáncer o la cura definitiva del SIDA -¡ah, no!, ¡ese no porque lo merecemos por sodomitas!-, quiero decir cualquier otro petitorio un poco más generoso; uno que nos permita optimizar el afortunado hecho de contar con nuestros modernos Genios de la Lámpara y su voluntad de concedernos un deseo.

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¡Digo! Es sólo una idea que a mí, me perdonan la inmodestia, me parece genial.

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Imagen tomada de: http://www.ojodigital.com/ojosdigitales/data/518/genio.jpg

jueves, marzo 19, 2009

BENDITA DUDA


BENDITA DUDA


En contravía de lo que muchos piensan, estoy convencido de lo siguiente: más que la seguridad en el actuar, es la duda permanente la que nos preserva del error. Y lo sostengo desde la experiencia de quien ha errado mil veces; tengo un máster en equivocaciones y eso me convierte en un sensei en el asunto.


Mencionaré dos ejemplos cercanos en el tiempo y que funcionan a la perfección para llegar a donde quiero.


El primero sucedió durante mis primeros días en Buenos Aires.

Fueron meses en los que hice víctimas a mis amigos argentinos de mi ortodoxia idiomática, esa acartonada costumbre colombiana que aquí, como en pocos lugares, me sentía en la obligación de ejercer.

No recuerdo cuántas veces les hice caer en cuenta de sus “destapaciones” o sus “galletiterías”. Todo un derroche de prepotencia acaramelada por el afecto, que me duró hasta que llegó la justicia que merecía y me puso en mi lugar. Ocurrió con la que era mi corrección favorita: la palabra CONSUMICIÓN. Para mí no existía esa palabra: lo correcto era decir CONSUMO. Jamás lo dudé y en esa ausencia de duda radicó mi imperdonable error. Tuve que leer CONSUMICIÓN en un cuento de Roberto Bolaño para salir corriendo a buscar el diccionario y encontrar avergonzado la palabrita esa que yo, burro ignorante, había desterrado del idioma simplemente porque no la conocía.


El segundo fue el pasado fin de semana.

Camino a la parada del colectivo y luego de habernos brindado una de las mejores cenas del último año, mi amigo Alantl Molina, intuyo que consciente del efecto hipnótico de los deliciosos tacos y la incomparable salsa de aguacate, se atrevió a confesarme que mi forma de escribir el nombre de su país resultaba ofensiva no sólo para él sino para la gran mayoría de sus compatriotas: como reafirmación de la sonoridad originaria de su nombre, ellos escriben MÉXICO y no MÉJICO como yo acostumbraba a hacerlo por simple intuición fonética.

Luego me llevó a profundizar no sólo en el origen de la discusión sino en el argumento que la zanja: la única grafía aceptada por la RAE es México, mientras que Méjico es considerado un error.


Dejo la discusión sobre la utilidad de los arcaísmos a los expertos. Mi única discusión furiosa es conmigo mismo y con ese vicio de bajar la guardia en el refinado arte de dudar.

Dos errores, uno por prepotencia y otro por ignorancia, me hacen merecedor del autorreproche; en ninguno de los dos puedo atenuar mi culpa: una sana dosis de duda me hubiera salvado del merecido oprobio.

Si hubiera dudado más, habría buscado el diccionario antes de hacer el ridículo corrigiendo los carteles de los bares que advertían sobre la CONSUMICIÓN mínima.

Si hubiera dudado tanto como pregono que debería hacerlo, no hubiera supuesto por años que las dos grafías para México eran correctas, ni hubiera agredido a una de las personas más brillantes que he conocido en los últimos años.

Sólo puedo prometer dudar más. Dudar de mí y de lo que creo saber, siempre y sin excepciones.

¡Ah! Y prometer también que de hoy en adelante sólo habrá equis para mis Méxicos: por cariño a mi amigo Alantl, por respeto a su país y por pánico a dejar de ser invitado a sus cenas sin consumición mínima.


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Dejo un soneto viejo que debería recordar más a menudo:


LA DUDA

(Pala)


Se han ido acumulando los mundiales

a un ritmo que jamás imaginara

el niño que, podrido de rituales,

vive (cada vez menos) tras mi cara.


Hoy, lejos de festines y algazaras

es raro que me escolten polvaredas

desde que el porvenir se me dispara

rompiéndome los ejes y las ruedas.


Me salvan los amigos – que en los dedos

se cuentan- y esa dosis de belleza,

que es una bofetada para al miedo.


Me queda, como última riqueza,

al lado de las ruinas de los credos,

la duda, que es mi máxima certeza.


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domingo, marzo 08, 2009

PREJUICIO O HIPOCRESÍA (Disquisición psicoactiva)


PREJUICIO O HIPOCRESÍA

Disquisición psicoactiva


Mi abuelo, nieto de colonizadores y heredero de sus esquemas mentales, siempre tuvo prejuicios ardorosos sobre los negros: prejuicios jamás rotos por un profesor, un libro o un discurso; o al menos no rotos hasta que mi tío, su hijo, trajo a casa su bellísima y dulcísima esposa negra. Así, mientras la casa de los abuelos se pintaba del más genuino color de Colombia, él, por arte del amor que no es otra cosa que el más profundo de los conocimientos, desterró su prejuicio mientras cargaba a sus hermosas nietas negras.

Mi abuelo sucumbió al prejuicio pero no fue hipócrita.


Prejuzgar es emitir un juicio sin el conocimiento necesario. Así visto, quien prejuzga sólo puede hacerlo desde cierto nivel de ignorancia; por eso, y en la medida en que la responsabilidad de la ignorancia no reside ni siempre ni en su totalidad en quien ignora, pienso en el prejuicio como en una práctica detestable pero no siempre exenta de explicación e incluso de excusa.


Otra cosa es la hipocresía. El hipócrita juzga sin el arropo de la ignorancia: insiste en prejuzgar habiendo conocido las razones para no hacerlo, y en la medida en que requiere la obcecada voluntad de negar las evidencias para perpetuar el prejuicio es, a mi modo de ver, imperdonable.


Hoy, casualmente tanto en Colombia como en Argentina, el tema de la despenalización y de la criminalización del consumo de drogas está en el palco de la opinión nacional. De eso quería escribir inicialmente, aunque luego, al recordar que sólo escribo para quienes quiero, entendí que debía hablar de prejuicio y de hipocresía porque la mayoría de mis personas queridas se mueven en esa cuerda floja cuando abordan el tema.


Mi punto va de una copita de aguardiente a un cigarrillo de marihuana, de un vino tinto a un porro; se mueve entre una copa de ron y un bareto, entre un vaso de Fernet y un faso. Hablo de la comparación entre el alcohol y el cannabis.


Algunas de las personas que conozco (muy pocas, en verdad), rechazan de modo visceral el consumo tanto de cualquier tipo de licor como de cualquier sustancia psicoactiva. Asumo que todas ellas conocen los riesgos de su consumo (aunque apostaría que no es así), y que priorizan la cruzada por la salud a cualquier roce con la exaltación de los sentidos. De ellas podría decir que abordan la vida de una manera diametralmente opuesta a la mía o que rozan el fundamentalismo, pero al menos en lo referente a este punto ni son hipócritas ni prejuzgan: no puedo más que considerarlas consecuentes. Por eso no escribo este post para ellas.


Escribo para quienes piensan que existen diferencias entre fumar un cigarrillo de marihuana y beber una copa de licor, y sostengo que todas ellas, entre quienes podría contar algunos de mis seres más queridos, no pueden sostener esa diferencia sin prejuzgar o sin convertirse en hipócritas.


Nadie con un mínimo de conocimientos en bioquímica podría sostener con seriedad que el cannabis es inocuo. No lo es. La socorrida tesis rastafari de que la hierba, por ser natural, está desprovista de efectos nocivos, no sólo es falsa sino que es absurda: si alguien está dispuesto a defender esa asociación lo invito a beber la infusión natural de la naturalísima planta de cicuta y luego hablamos: la naturaleza esconde sorpresas y venenos que a su vez pueden ser, por qué no, maravillosos, pero no por eso natural es necesariamente sinónimo de inocuo.


Sin embargo no es ése el punto. El punto consiste en preguntarse cuántas de las personas que rechazan el consumo de marihuana por sus posibles efectos nocivos, están dispuestas a rechazar con la misma vehemencia otra sustancia que produce los mismos efectos y en mayor proporción: el alcohol.


Vamos a los datos.


(Estudio de Jack E. Henningfield, PhD for NIDA, Reported by Philip J. Hilts, New York Times, Aug. 2, 1994 "Is Nicotine Addictive? It Depends on Whose Criteria You Use." )



Esta tabla pertenece a uno de los abundantes estudios comparativos entre sustancias psicoactivas y la elegí por la confiabilidad de la fuente y por lo pedagógico de su enfoque.

No hay que explicar mucho: con notable diferencia, el alcohol supera a la marihuana en su capacidad de generar dependencia, síndrome de abstinencia (withdrawall), tolerancia e intoxicación, además en aquello que los investigadores llaman reinforcement que consiste en la capacidad de una sustancia de inducir a su consumidor a combinarla con otras.



(Estudio de The United Kingdom's Science and Technology Select Committee. New Scientist Magazine. Issue 2563. August 2006, page 5. Drug-danger 'league table' revealed.)



En esta clasificación de las sustancias psicoactivas de acuerdo con su potencial nocivo (y en las muchas otras que conozco), el alcohol supera sin esfuerzo a la marihuana. Por simple curiosidad, ¿vieron el lugar del tabaco, tan frecuentado como el alcohol por la mayoría de los legisladores pro penalización?


La marihuana no es inocua, pero las evidencias científicas demuestran que es bastante menos lesiva que el alcohol.

Consumido en grandes cantidades y por períodos prolongados de tiempo, el cannabis puede generar deterioro neuronal, pero en proporciones inferiores al producido por el alcohol.

Puede también desencadenar un tipo de adicción, pero nunca en los porcentajes alcanzados por el alcohol.

Su potencial capacidad para inducir brotes de esquizofrenia en personas susceptibles es inferior a la del alcohol y es además muchísimo menos hepatotóxica.

Para no extenderme en esta reminiscencia médica, bastaría decir que no existe un solo ítem de nocividad en el que la marihuana supere al alcohol y no hay un solo argumento médico o biopsicológico que justifique aceptar un vaso de ron y rechazar un cigarrillo de marihuana: todos los argumentos en esa línea no son más que la perpetuación de un patrón social sin fundamentación científica.


Entonces, ¿por qué para la mayoría de las personas que conozco resulta tan aceptable que en una fiesta alguien consuma dos o tres copas de aguardiente, mientras consideran inadmisible que encienda un porro?

Esta es mi respuesta: porque la mayoría de nosotros no desarrollamos nuestros juicios a partir de una acumulación concienzuda de argumentos, sino que los heredamos y los aceptamos con su inevitable carga de prejuicios sin atrevernos a cuestionarlos.


Todos prejuzgamos. Lo hacemos a diario y con destreza. Sin embargo hay quienes se resisten a permanecer pasivos ante su defecto y buscan el conocimiento como la garrocha que les permite saltar el obstáculo entre el prejuicio y el juicio argumentado.

Otros, que por desgracia no son pocos, acceden al conocimiento pero lo ignoran, y el único camino que les resta es el de la hipocresía.


No es la intención de este post defender la legalización del consumo, aunque ésa sea mi postura personal. Lo que lanzo es una invitación a preguntarnos cada vez que observemos a alguien fumando un cigarrillo de marihuana, cada vez que escuchemos una historia sobre la hierba, cada vez que veamos un reporte televisivo sobre el cannabis, si la postura que estamos dispuestos a asumir frente a la marihuana es la misma que estamos dispuestos a asumir frente al alcohol. Si no es así, valdría la pena quitarnos la careta y llamarnos como sólo es posible: hipócritas.


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Imágenes tomadas de:

http://img165.imageshack.us/img165/8988/hipocresia0np.jpg

http://www.saferchoice.org/content/view/24/53/

lunes, febrero 23, 2009

DIVERTIMENTO ANALÓGICO (O de la afinidad entre la Batalla de Boyacá y la realidad gay)