viernes, marzo 23, 2007


LA ORACIÓN DEL APÓSTATA


Mis amigos lo saben.
Soy un paisa muy poco enamorado de Medellín, o lo que es mucho más exacto, una persona que salió de Medellín desilusionada del "mundo paisa" más que de la ciudad misma.
Por eso escribo desde Bogotá, donde vivo feliz y desde donde he continuado regresando a mi ciudad (porque me quedan mil motivos para seguir regresando).
¿Mi ciudad, digo?
¿Pero no he renunciado a ella cuando he decidido vivir lejos y cuando he asumido frente a su establecimiento una crítica despiadada?.
¡Claro que sigue siendo mi ciudad¡

¡Y lo sigue siendo porque me duele!

¡Y porque así lo quiero, que es mi argumento preferido!
Sigo pensando además, que es mejor ciudadano quien asume porque le duele, una posición crítica ante lo que está mal, que quien ensalza porque es políticamente correcto.
Y porque he criticado con fortaleza, tengo también el derecho a escribir sobre el otro polo.
Nunca he creído en cambios macro: todos han terminado en derrotas catastróficas y en el entierro de los más nobles sueños humanos.

Pero sí creo en cambios individuales, en movimientos micro que generan -esos sí- cambios más o menos generales; en acciones en pro de pequeñas comunidades o individuos, que terminan jalonando procesos más ambiciosos.
Siempre he creído que puede más un cooperativista que un caudillo.
Por eso me emociona hasta las lágrimas lo que está sucediendo en Medellín.
No han desaparecido todavía los personajes repugnantes que descalifican a todo aquel que no tenga acento paisa, pero ha comenzado a aparecer una generación de periodistas, escritores y creadores, que miran más allá de Santa Helena.
Todavía encuentras una que otra imbécil calcomanía de "Antioquia Federal", pero comienzan a hacerse evidentes los tecnócratas que creen que el protagonismo se potencia si se mira con respeto y se aprende de los vecinos.
Aún pululan adolescentes que piden su cirugía de tetas como regalo por sus quince años (y padres inadjetivables que la conceden), pero he visto a los niños inventando palabras en el "congresito de la lengua", aprendiendo que los libros son la mayor aventura.
Siguen viéndose en las calles, las abominables y mastodónticas obras de los alcaldes comisionistas, pero comienzan a aparecer también, en los barrios más deprimidos, las bibliotecas mágicas, dignas, impecables, justas.
Todavía falta mucho, pero ha aparecido -con todas sus limitaciones y errores- una administración que defiende la educación como única salida posible, que ha enfrentado la desastrosa frivolidad de la sociedad paisa con acciones claras de promoción cultural, y eso bastaría para eximirla de cualquier juicio histórico.
Sigo regresando a mi ciudad. Y cada vez lo hago con más alegría.
Es verdad que la distancia suele conseguir que se nuble la objetividad y sobredimensionemos los afectos, pero este no es el caso: realmente están sucediendo cosas buenas en Medellín y espero que mis coterráneos no se hagan los ciegos.




*Foto tomada de: http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=324767




jueves, marzo 08, 2007


¡MALVENIDO!

Escribir y publicar el siguiente soneto, no me impide pensar en la imbécil miopía de quienes consideran que la mejor manera de pronunciarse en contra de la visita de Bush, es destruir las universidades.


IGNORANTE, BABOSO, INCOMPETENTE
(Pala)

Ignorante, baboso, incompetente.
Tonto incapaz, patético cretino.
Eres de todo, menos inocente.
Cruel mandamás, pelele y asesino.

Cínico burro, Midas de la guerra:
tu gen de criminal viene de padre.
¡Vas a romper el joystick de la tierra!
(¡El cachorrito muerde aunque no ladre!)

Hablas con desvergüenza de desarme
y por debajo vendes los cartuchos:
¡hijo de puta, tú eres el gendarme!

Sube un poco la voz. ¡Qué mal te escucho!
¡No mandes a la CIA a castigarme!
Yo, Jorge Bush, también te quiero mucho.


Caricatura de Pedro Méndez, tomada de http://www.vanguardia.co.cu/caricatura?newsid_obj_id=10928
dgdgUYHI
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martes, marzo 06, 2007



FRANCISCO ZUMAQUÉ ES UN LADRÓN.



Ladrón, na. (Del lat. latro, -onis, bandido) adj. Que hurta o roba.

Hurtar. (De hurto.) tr. Tomar o retener bienes ajenos contra la voluntad de su dueño.

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Las anteriores son las definiciones oficiales de la Real Academia Española de la Lengua sobre los dos términos que enmarcan esta denuncia y las incluyo como abrebocas para esquivar cualquier eufemismo: estos párrafos hablan de un ladrón y mi intención es utilizar las palabras sin maquillaje.

El requisito sine qua non para que una denuncia sea seria es que quien la formule no se refugie en el anonimato. Por eso, por mi interés en la claridad, y porque en virtud de la gravedad de mis afirmaciones estoy dispuesto a asumir cualquier implicación legal que estas tengan, comienzo por definir sin ambages al denunciante: yo mismo.
Mi nombre es CARLOS ALBERTO PALACIO LOPERA, ciudadano colombiano con CC 15.348.747 de Sabaneta (Antioquia), de profesión músico y residente en la ciudad de Bogotá.

Vamos a los hechos.

El pasado año, el Observatorio de Minas Antipersona de la Vicepresidencia de la República y UNICEF, crearon el concurso MÁS ARTE MENOS MINAS, con la intención de invitar a los músicos nacionales a componer canciones alusivas a las precauciones que debería tener la población civil en zonas minadas.

Tuve la fortuna de estar entre los ganadores del concurso.

Cuando recibí la llamada personal del señor Francisco Zumaqué -miembro del jurado- para felicitarme, no pude menos que sentirme honradísimo y sobrecogido: la trayectoria del señor Zumaqué es impresionante. El lustre que le ha dado a la música nacional en el exterior es indiscutible. Su talento ha sido reconocido en montones de países. ¡Yo, pobre mortal, estaba siendo contactado por una de las grandes glorias de la música colombiana! (Esto último está desprovisto de cualquier ironía: no vengo a discutir las calidades profesionales del señor Zumaqué, esencialmente porque no tengo argumento alguno para hacerlo).

El motivo inicial de la llamada, ya lo dije, era felicitarme por el triunfo.

Pero había otra razón: la solicitud de entrega del material para la publicación del CD conmemorativo.

Mi pregunta, tras el agradecimiento sincero, fue la misma que hicieron todos los demás participantes: ¿Cuánto dinero ha destinado la Vicepresidencia para la producción del disco? (La participación en el concurso se hizo con maquetas caseras y, como era de suponer por lo que se estila en estos casos, los organizadores deberían asumir -al menos en parte- la producción profesional del CD).

Su respuesta fue clara y contundente: la Vicepresidencia no había destinado un solo peso y por eso éramos nosotros, los ganadores, quienes debíamos asumir la totalidad de la grabación y la postproducción.

En mi caso personal, el asunto me resultó tan inverosímil por tratarse de las entidades de las que estábamos hablando, que repetí la pregunta en varias ocasiones. La respuesta fue la misma en todos los casos: "no, querido Carlos, no hay un solo peso".

Y entonces el problema de la decisión: ¿dejo que se incluya en ese CD la maqueta que entregué con todas sus imperfecciones o hago una inversión de un dinero que no tengo para mejorar el producto?

Al final el justo medio: consigo algún dinero prestado y hago algunas mejoras en el estudio, utilizando el poco tiempo que pueda pagar.
Pero como cae más fácil un mentiroso que un cojo, a finales del 2006 se supo, porque la misma Vicepresidencia nos lo comunicó, la odiosa verdad que hoy quiero compartir con ustedes, queridos lectores-jueces: los organizadores no sólo habían destinado un dinero más que suficiente para la producción, sino que lo habían entregado el señor Zumaqué (a estas alturas ya entenderán porqué me resisto a llamarlo Maestro), ¡desde que se había publicado la lista de ganadores!

¡Nos había mentido desvergonzada y miserablemente!

¡Se había apoderado de un dinero que no era suyo!

Ha pasado más de medio año luego del asunto.
En ese tiempo: conversaciones con el señor Zumaqué (quien, por arte de magia, pasó de ser un dulzón vozarrón caribe, a un desaforado vociferador telefónico), entrega de recibos y facturas que el hombre no se ha dignado a pagar, solicitudes de mediación a la Vicepresidencia, y finalmente, solitarios arranques de ira e impotencia ante su desvergüenza.

Pero siempre quedan vías de escape para no atragantarnos con las verdades: esta denuncia, por ejemplo; este ejercicio de salud mental que no es más que un primordial acto de justicia conmigo mismo y con los agredidos. Una justicia a la que ustedes, lectores, si lo consideran justo, pueden dar un empujón divulgando lo que aquí se publica.
Francisco Zumaqué es un ladrón.
Lo suscribo en cada uno de sus acentos.
Su calidad musical, su estatura profesional, su carácter de ícono artístico, su aporte a la divulgación del acervo cultural colombiano, sus cualidades profesionales todas, son incuestionables.

Lo que vengo a controvertir sin atenuantes es su talla moral. Su honradez. Su integridad como persona.

Lo hago con la denuncia que precede y lo cierro con las palabras que a él mismo le dije en nuestra última batalla telefónica: “no se enoje mucho, Francisco. En reconocimiento internacional está claro que no le llego a los tobillos, pero en honestidad es usted quien no me da la talla”.

JHGJHG

HGJHG

FOTOGRAFÍA TOMADA DE MUSICAPENSANTE.TK http://www.fortunecity.com/victorian/kapoor/78/id114.htm

viernes, marzo 02, 2007


¿EN VERDAD NOS CREEN IMBÉCILES?

Como broma era excelente.
Desde que fue lanzada por nuestro presidente en el marco de los Juegos Centroamericanos y del Caribe del pasado año, la idea de Colombia como organizadora del mundial de fútbol del 2014 me resultó de una inocente comicidad: podía ser aprovechada por programas radiales de humor, por caricaturistas escasos de ideas, o utilizada a manera de comodín en insulsas conversaciones de fin de semana: el buen humor siempre se agradece.
Pero ayer, cuando escuché a don Álvaro enardecido contra Joseph Blatter, el presidente de la FIFA, porque había declarado que la pretensión colombiana no era más que una campaña de relaciones públicas con escasísimas posibilidades de éxito, me sobrecogí ante la evidencia de lo que creía imposible: ¡el presidente estaba hablando en serio cuando propuso la candidatura! ¡Alcanzó a tener en su cabeza la imagen del partido Irlanda vs Croacia en el estadio Manuel Murillo Toro de Ibagué! ¡Nombró, en su imaginación febril, la comisión para la inauguración donde el ballet de Sonia Osorio recibiría a las delegaciones a ritmo de sanjuanero! ¡Llegó a concebir mentalmente el plan de hospedaje para los millares de turistas extranjeros con los gerentes de las residencias de La Candelaria! ¡Previó poner a trabajar a su -brillantísimo- equipo publicitario en el desarrollo de la mascota. (Candidatos a ser elegidos: Vallenatín, Cafegol y Cumbiamigo)! ¡Alcanzó a soñar con la apoteósica bendición del padre Chucho como cierre de la ceremonia de apertura!
¿En verdad el señor presidente nos cree tan imbéciles?
¿En verdad, algún colombiano medianamente serio llegó a considerar la propuesta de nuestro medianamente serio presidente, como medianamente seria?
¿Hay necesidad, luego de este ridículo internacional tan estratégicamente manejado, algún ejemplo adicional para explicar el significado de la expresión "cortina de humo"?
Desde una perspectiva histórica, la utilidad estratégica de la política de “pan y circo” es incontestable. ¡Pero que a falta de pan, quieran darnos dos tazas de circo, es algo insultante!